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Era una tarde de domingo, estábamos todos en casa y mi hija entró escopeteada en el salón: “¡Mira, mira que Tik-Tok tan chulo me ha salido!”, “¿Un qué?” pregunté yo mientras miraba asombrada un vídeo en el que ella salía bailando. 

Después me explicó que es lo que hacían los compañeros de su clase y que veían sus vídeos en una aplicación. En ese momento, comencé a darle una larga charla sobre los peligros de subir vídeos a la red. Borró la aplicación del móvil y durante mucho tiempo no quiso utilizarlo, tampoco quería quedar con sus amigas porque se pasan la tarde grabando Tik-Tok.

Otra vez más abrí la puerta de la habitación de mi hijo y le vi con la Tablet en la mano, estaba viendo vídeos de YouTube sobre Mountain Bike. 

Con gran enfado le quité la tablet y le dije que no perdiera el tiempo con esas tonterías, que se pusiera a estudiar que era lo que necesitaba para su futuro. Últimamente estaba muy callado y distante de nosotros y no estaba teniendo buenos resultados en el colegio. Se tiraba horas viendo vídeos, llegando a dormir muy pocas horas, era como una adicción para él. Los amiguitos de mi hijo empezaron a tener móvil a los 9 años.

Durante mucho tiempo le prohibí a mi hijo que tuviera Whatsapp en el móvil, aunque sabía que sus amigos lo tenían y solían quedar por ese medio. Un día descubrí que ya lo tenía y le castigué un mes sin teléfono. Después de devolvérselo volvió a utilizarlo a mis espaldas y además se había abierto una cuenta en Instagram. 

 

Tras estar mucho tiempo así, nos rendimos y terminó usándolo, aunque nos enfadáramos. Meses después nos llamaron del colegio porque estaban acosando a un compañero, “Cyberbullying” nos dijeron, a través del Instagram. 

Oír hablar que estas situaciones son cada vez más frecuentes cuando nuestros hijos/as van creciendo. Forman parte de un día a día difícil de gestionar para nosotros como padres. Esta tecnología, que es novedosa para nosotros en el contexto de la adolescencia y cuyo impacto y legislación está en pañales, se suma al reto de tener un preadolescente o adolescente en casa. 

A cada uno de nosotros estas situaciones desconocidas nos hacen sentir cosas distintas: miedo, inseguridad, incomprensión, frustración, curiosidad, diversión, en función de nuestro conocimiento, experiencias e historia de vida. Estas emociones y sensaciones las llamamos Música de Tiburón siempre y cuando aparezcan en situaciones y con necesidades de nuestros hijo/as que en realidad son seguras. 

 

Emociones que pueden influirnos en la forma en la que vamos a reaccionar frente a estas nuevas exploraciones de nuestros hijo/as. Es importante saber diferenciar nuestra “Música de Tiburón” de situaciones que sí sean peligrosas para nuestros hijo/as respecto a redes sociales y uso de la tecnología. Para ayudarnos a diferenciar lo seguro de lo peligroso y si nuestra reacción emocional, creencias y conductas están ajustadas a la realidad, el Círculo de Seguridad Parental nos ofrece esta tabla. Es todo un reto completarla y os propongo hacer este ejercicio junto a otros adultos. 

¿Qué pondrías en cada cuadrante? ¿Por qué? Todo un reto para reflexionar…

Voy a centrarme en la “Música de Tiburón”: sentimos como peligrosa o amenazadora una situación que en realidad en ese momento es segura. Aquí tenemos algunos ejemplos: 

  • Mi hijo/a desea tener móvil como el resto de compañeros/as. 
  • Mi hijo/a quiere ver vídeos de YouTube. 
  • Mi hijo/a juega a videojuegos con otros niños/as online. 
  • Mi hijo/a graba vídeos con los amigos cantando y bailando. 
  • Quiere enviar WhatsApp a los compañeros/as. 
  • Mi hijo/a quiere usar aplicaciones con juegos en un teléfono móvil.“

«¡Ha ocurrido un error!»: cuando sentimos seguras o tranquilizantes situaciones que en realidad son peligrosas. Aquí tenemos algunos ejemplos:

  • Mi hijo/a tiene móvil y nunca lo reviso. Es labor de los padres estar pendiente de la exploración y supervisar el uso que se le da al dispositivo, sobre todo si permitimos que los usen antes de las edades recomendadas. Cada país tiene una normativa o legislación distinta. Por ejemplo, en España, no supervisar el teléfono en un menor de 12 años cuando se recomienda que no lo usen antes de esa edad, o permitir el uso de redes sociales a menores de 13, 14 o 16 años (esta edad depende además de la red social en particular), aunque los padres o tutores pueden dar permiso un año antes. 
  • Mi hijo/a no tiene instalado un programa de protección parental adaptado a su edad que le impida acceder a material sensible o perjudicial.

Estamos “en el blanco” tanto cuando sentimos tranquilidad en situaciones que no son peligrosas, como cuando sentimos temor en situaciones que sí son peligrosas. Estar en el blanco hará sencillo seguir las necesidades de mi hijo siempre que sea posible, y hacerme cargo cuando sea necesario. 

Siendo conscientes de lo que sentimos nosotros, los adultos, y pudiendo poner pies en tierra con un tiempo fuera (respira, despéjate, tu hijo/a te necesita), el siguiente paso es conectar con la necesidad de nuestro hijo/a respecto al uso de redes sociales: ellos necesitan explorar estas experiencias que forman parte de la sociedad actual, de su socialización y búsqueda de pertenencia a un grupo. 

Si nosotros nos informamos de las dificultades y peligros que suponen y nos hacemos responsables de las emociones que nos generan, podremos acompañar, ayudar y disfrutar con ellos su exploración, estando pendientes “en diferido” a través de la comunicación y el diálogo que hemos podido establecer con ellos en torno a estas situaciones. 

Al igual que en otras etapas de crecimiento y exploración de nuestros hijo/as estos sentirán confusión, miedo, enfado, tristeza ante las situaciones desagradables que se puedan encontrar y que forman parte del día a día. Estar ahí para organizar sus sentimientos, consolarlos o protegerlos va a permitirles seguir aprendiendo y volver a explorar. Es mejor hacer frente a los problemas y errores unidos, tú y yo, dentro de una relación segura, para que aprendan a enfrentar y resolver situaciones adversas de la vida.

Nosotros como “Manos” (personas adultas responsables de nuestros hijo/as, somos más grandes, fuertes y bondadosos).

Informados y regulados, podremos tomar las riendas y hacernos cargo marcando normas y límites en las situaciones que veamos peligrosas para nuestros hijos/as, como prohibir que suban los vídeos en las redes si tienen menos de 14 años y favoreciendo que los guarden de forma privada en la cuenta sin acceso a otras personas hasta que veamos que están preparados para abordar y gestionar la interacción con otras personas, cuando sean capaces identificar situaciones de peligro para ellos y los demás, así como poder pedirnos ayuda. 

 

Era una tarde de domingo, estábamos todos en casa y mi hija entró escopeteada en el salón: “¡Mira, mira que Tik-Tok tan chulo me ha salido!”,” ¿Un qué?”, pregunté yo, mientras miraba asombrada un vídeo en el que ella salía bailando. Después me explicó que es lo que hacían los compañeros de su clase y que veían sus vídeos en una aplicación. En ese momento, me di cuenta de que me sentía abrumada y asustada, tras calmarme, le pregunté cómo funcionaba la aplicación y nos sentamos juntas a verla. Me alegraba ver a mi hija tan contenta, pero le expliqué que no tenía edad para poder usarla de forma pública pero que no teníamos problemas en que la utilizara de forma privada, y que podían venir sus amiguitas a casa para ver sus vídeos y hacer otros con ella.

Ya cuando tuviera 14 años hablaríamos de la posibilidad de abrir una cuenta pública. Muchas noches, después de cenar ella me enseña ilusionada los vídeos que hace. Otra vez más llamé a la puerta de la habitación de mi hijo y cuando entré, le vi con la Tablet en la mano, estaba viendo videos de YouTube sobre Mountain Bike. Con gran curiosidad, me senté a su lado a ver ese vídeo que le producía tanto interés. Los amiguitos de mi hijo empezaron a tener móvil a los 9 años. Me generó mucha angustia por el malestar que le suponía a mi hijo que sus amigos quedaran por WhatsApp, pero creía que no tenía edad para tener un móvil. 

Al hablarlo llegamos al acuerdo de que sus mejores amigos podían escribir a mi móvil y que cuando él lo necesitara me lo pediría y yo no miraría sus mensajes sin su permiso. Un día salió del colegio llorando porque había tenido una pelea con uno de ellos y este le dijo que le iba a mandar un mensaje por WhatsApp y que necesitaba el teléfono. Él estaba muy enfadado y antes de que contestara a su amigo hablamos de la importancia de no faltar al respeto ni insultar y que sería mejor que se calmara.

Así podía pensar lo que quería decirle antes de escribirlo y no herirle. Cuando terminó, le escuché como me contaba entusiasmado que estaba aprendiendo a hacer eso cuando salía con sus primos a montar en bici. Estaba muy alegre al ver su entusiasmo, pero era la hora de hacer los deberes y no podía seguir viendo vídeos, así que acordamos que después de terminar las tareas podría seguir viendo más vídeos de YouTube hasta la hora de cenar. Consiguieron solucionar la situación y sabía que yo estaba ahí para ayudarle. El curso siguiente, vino muy alterado a contarme que algo malo estaba pasando por el WhatsApp porque estaban burlándose e insultando a otro compañero y que no paraban desde hace días, así pude hacerme cargo de la situación y hablar con los papás de los otros niños. Cuando tenía 14 años ya tenía su teléfono y me dijo que quería abrirse una cuenta en Instagram. Creo que estaba preparado para darse cuenta de las situaciones peligrosas y sabía que estábamos para apoyarle ante cualquier problema que pudiera surgir. 

En esta ocasión hemos centrado la atención en saber diferenciar la Música de Tiburón (particular para cada persona) de situaciones peligrosas que en ocasiones vemos como seguras. Así podía pensar lo que quería decirle antes de escribirlo y no herirle. Cuando terminó, le escuché como me contaba entusiasmado que estaba aprendiendo a hacer eso cuando salía con sus primos a montar en bici. 

En esta ocasión hemos centrado la atención en saber diferenciar la Música de Tiburón (particular para cada persona) de situaciones peligrosas que en ocasiones vemos como seguras.

Volveremos a tratar este tema de las redes sociales más adelante centrándonos en las distintas necesidades tanto en la parte de arriba del Círculo (exploración) como en la parte de abajo del Círculo (conexión).

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Cristina Solano

Psicóloga Sanitaria y Facilitadora del COSP